Desde que ‘Ruega por nosotras’ empieza a andar por
la pantalla la impresión que suscita en el espectador es el horror y la
incredulidad porque lo que vemos pudo suceder en nuestro país no hace tanto
tiempo. Inmediatamente se añade una nueva sensación: ¿Pueden volver los tiempos
en que las chicas que no se ajustaban al modelo autoritario de sociedad y de
familia de la dictadura franquista eran enviadas a centros para reformarlas
gobernados por monjas ultramontanas? La respuesta es claramente NO. Pero con un
matiz: ¿Qué supondría que lleguen al gobierno de España representantes de
partidos que alaban el franquismo y niegan el derecho a recuperar la Memoria
Histórica que lo entierre definitivamente?
Esa pregunta queda en el aire a lo largo de los 136
minutos de la última película de Daniel Monzón, una clara advertencia de lo que
puede pasar si el 29 de noviembre las urnas llevan a la coalición del Partido
Popular y Vox al gobierno de España. ¿Hasta dónde retrocederán la democracia y
las libertades y derechos de las mujeres de los ciudadanos?
‘Ruega por nosotras’ nos retrotrae a los estertores del
franquismo. Ana (Zoe Bonafonte) tiene 19 años cuando se rebela contra
las imposiciones de un padre ultraconservador que tras una fuga nocturna para
ir a bailar la encierra en el Patronato de Protección de la Mujer, institución de
infausto recuerdo dedicada a devolver al ‘buen camino’ a chicas y mujeres ‘caídas
o en riesgo de caer’.
Faltan apenas dos años para que Franco muera y la juventud de Ana se pudre en el ambiente disciplinario brutal a que es sometida por las monjas que controlan su vida. La complicidad de Sole (Manuela Calle) es el asidero que le permite mantenerse a flote ante tanta arbitrariedad e injusticia. Sobre ellas dos se centra el foco de la película en la que también intervienen otras chicas y mujeres con actuaciones de primer nivel. Cuesta no cogerse manía a Adelfa Calvo en su interpretación de la monja que le hace la vida imposible a Ana y a sus compañeras. O simpatizar con los personajes que representan María Cerezuela, Carla Domínguez, Shiara Fernández o María Gandiaga.
'Ruega por nosotras’ se ha documentado a través del estudio de tesis doctorales, documentos de archivo, libros de investigación, documentales y, sobre todo, decenas y decenas de testimonios de mujeres que pasaron por el terrorífico Patronato. La película toma el nombre de uno de los ensayos escritos por Consuelo García del Cid, víctima del Patronato y pionera en las investigaciones sobre él. Ambientada en el período que comprende desde 1974 a 1979, la película coloca al espectador en la piel de una de esas mujeres, para que descubra de forma paulatina, pero atroz, la angustiosa carga de opresión que reservaba el Patronato a cualquier joven que atravesara sus puertas.
Este viernes 6 de noviembre se estrena en los cines de España. Uno se
atrevería a pedir que fuese en cuantos más cines, mejor. Sería bueno que el
séptimo film de Monzón fuese visto por esos jóvenes que dicen que ‘con Franco
se vivía mejor’ o que no tienen reparos en manifestarse cantando gritos franquistas
o haciendo saludos fascistas.
‘Ruega por nosotras’ nos recuerda
cómo vivían con Franco las chicas que se resistían a pasar por el aro del
ordeno y mando de la dictadura política, social y moral. Y que aparte de
enfadarlos con lo que vemos en la pantalla tenemos otra obligación ética para
evitar que se repita: Votar el 29 de noviembre contra aquellos que se
indignarán con que se les recuerde lo que fue la triste noche de la dictadura.








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