Periódicamente firmo las peticiones de libertad de la
defensora de los derechos humanos en Irán Narges Mohammadi que Amnistía
Internacional hace a la ciudadanía. Pasan los años y esa libertad no se hace
realidad. El mundo libre está con ella y se lo demostró concediéndole el premio
Nobel de la Paz de 2023. Irán sigue siendo una gran prisión y ella lo sufre
físicamente y psicológicamente. Su corazón ha fallado varias veces y ello ha
llevado a que actualmente cumpla la condena en arresto domiciliario. En
cualquier momento pueden devolverla a la cárcel. La barbaridad del régimen
iraní la ha condenado a un total de 44 años de prisión. 154 latigazos completan
ese estúpido e injusto disparate.
Narges Mohammadi ha conseguido escribir un libro y
sacarlo desde dentro de la cárcel de Evin pese al control a que estaba
sometida, torturas y vejaciones incluidas. Un cambio de cárcel le hizo perder
todo lo que había escrito hasta entonces y tuvo que volverlo a escribir de
nuevo. Finalmente, “Una mujer nunca deja de luchar” ha visto la luz con el
subtítulo de “Mi lucha por la libertad, la democracia y los derechos humanos en
Irán” (Finestres Ensayos). También hay edición en catalán, de Folch@Folch: “Una
lluita perpètua. La batalla per la democracia, l’alliberament de les dones i la
dignitat a l’Iran”.
Lo presentó su marido, el periodista y activista
Taghi Rahmani, este jueves 5 de noviembre en la librería Finestres ante unos
sesenta seguidores, podría decir que admiradores. Porque Narges merece la
admiración de quienes valoran su entrega personal para defender los ideales en
los que cree, que son los que compartimos todos los demócratas convencidos de
la necesidad del respeto y promoción de los derechos humanos. Ella pudo
intervenir desde una pantalla en la que apareció valiente y comprometida, consciente
de que sus explicaciones enfadan a quienes la quieren callada y encerrada.
Interpelada por la periodista Txell Feixas y apoyada en un excelente intérprete
que dio fluidez a la sesión, Narges fue desgranando sus ideas, su estado de
ánimo y el sentido y objetivos de su libro.
Vimos y escuchamos a una mujer optimista, que lleva
diez años sin poder ver a sus hijos quienes, como su marido, viven en el exilio
en París. Reconoció que lo peor de estos años ha sido no poder encargarse del
cuidado de sus hijos Ali y Kiana, “que han sufrido tanto por el camino que he
elegido. Espero que algún día me podías perdonar por mi ausencia, y por lo que
pueda venir”. Así les dedica “Una mujer nunca deja de luchar”.
El optimismo se basa en que ve como en la sociedad
iraní van calando las ansias de libertad y de justicia. Esas ansias no corren
paralelas a un descenso de la represión. Al contrario, tal y como explicó, esa
represión se ha agudizado y más aún tras los bombardeos de Estados Unidos. Muestra
de ello son los dos activistas que habían sido ejecutados un par de días antes,
recordó.
“Mientras escribo esto, me encuentro en un punto
medio entre los que se denomina pasado y lo que me imagino como futuro, en un
camino definido por un movimiento incesante hacia la libertad. No abandonaré este
camino, por doloroso o difícil que se vuelva. No tengo miedo de lo que me
espera. Pese a años de sufrimiento, mis sacrificios por la justicia no
arrastren ningún arrepentimiento ni ningún remordimiento. Estoy llena de amor,
de deseo de vivir y de un anhelo indestructible de libertad. Soy una mujer. Y una
mujer no deja nunca de luchar”. Así termina el libro.
Narges seguirá luchando por la libertad en Irán, y con especial atención a la de sus mujeres. Y yo seguiré firmando las peticiones de su libertad confiando que llegue más pronto que tarde y esta luchadora a la que admiramos pueda darles a sus hijos el abrazo que tiene pendiente desde hace más de diez años.














































