“La razón por la que empecé a escribir esta película
fue las ganas de acompañar a todas aquellas personas que están al cuidado de un
ser querido, y en especial a esos jóvenes que se convierten en cuidadores
precoces empujados inevitablemente a madurar y a sacrificar parte de su
juventud por amor”. Así explica Marta Matute lo que la llevó a escribir
el guión y a dirigir su primera película, que se estrena el próximo 8 de mayo
con el título de “Yo no moriré de amor”.
Su esfuerzo ha sido ya recompensado con la Biznaga
de oro a la mejor película en el Festival de Málaga. En ese festival también
fueron premiados con toda justicia Júlia Mascort (Biznaga de plata a
mejor actriz), Tomás del Estal (Biznaga de plata a mejor actor de
reparto) y Premio Feroz Puerta Oscura a mejor película.
Marta Matute explica en “Yo no moriré de amor” su
propia vivencia. De los 18 a los 27 años dedicó gran parte de su vida al
cuidado de su madre que, tras un microinfarto cerebral, empezó a desarrollar
una enfermedad degenerativa. Explica que compartir su historia con amigos que conoció
a posteriori del caso de su madre y que ellos compartieron casos similares con
ella le fue de gran alivio.
Ver esa película es compartir también esas
sensaciones y sentimientos. Gran parte de los que hemos visto y veremos esta
película hemos vivido más o menos cerca experiencias similares. A la salida de
las proyecciones, los asistentes comentan entre ellos esas vivencias. Matute se
ha salido con la suya. Su opera prima sacude la sensibilidad del
espectador y le lleva a sentirse acompañado con lo que ha vivido o está
viviendo con un familiar o conocido cercano que sufre una de esas enfermedades,
el Alzheimer la más frecuente de ellas.
La película de Matute nos hace pensar en las de Carla
Simón. Quizás no es casualidad que Elastica, la productora de “No moriré de
amor” haya sido también la responsable de la producción de “Alcarràs”, la obra
de Simón que se llevó el Oso de oro de la Berlinale.
A destacar la labor del conjunto de los actores y
actrices que contagian al espectador sus sentimientos de frustración, tristeza
y rabia, mezclados con el amor y cariño que también emergen en el seno de esa
familia atravesada por el dolor de una madre que van perdiendo progresivamente.
“No moriré de amor” es una bofetada de realidad, que
devuelve al primer plano de nuestras vidas la necesidad de creer que algún día
la investigación y la ciencia sabrán curar esas enfermedades que tanto las
trastocan y entristecen.
Mientras esperamos ese milagro, veamos y aplaudamos
el estreno como directora de Marta Matute. Duele ver los 94 minutos de esta
producción hispanobelga pero hay que hacerlo, comentarlos y compartirlos.
Marta Matute

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