lunes, 18 de mayo de 2026

‘BÁRBARO’: PENSAR EL CINE LATINOAMERICANO DESDE MADRID

 

En una ciudad como Madrid, atravesada por una oferta cultural abundante pero probablemente desigual en términos de representación cinematográfica, la aparición de una muestra dedicada en específico al cine latinoamericano independiente no es un gesto menor. Del 5 al 8 de mayo, la Sala Luis García Berlanga de la Universidad Complutense acogió la primera edición de Bárbaro, Muestra de Cine Latinoamericano Independiente, un proyecto que durante cuatro días propuso algo cada vez menos frecuente en el ecosistema de los festivales contemporáneos: tiempo para ver, escuchar y conversar.

Según Gustavo Vega, coordinador del festival, “lejos del modelo dominado por la velocidad, la acumulación de títulos y la lógica de mercado, Bárbaro ha apostado por una programación contenida pero articulada alrededor de una idea clara: generar un espacio de encuentro entre cineastas latinoamericanos y público español, no solo a través de la exhibición, sino mediante la conversación crítica posterior a las proyecciones”.


Vega afirma que “la propuesta resulta especialmente pertinente si se considera que buena parte del cine latinoamericano contemporáneo continúa llegando a Europa de forma fragmentaria: algunas películas logran circular por grandes festivales o plataformas, mientras una vasta producción independiente permanece fuera del radar”. En ese contexto, Bárbaro ha funcionado como un dispositivo de mediación cultural, abriendo un lugar para cinematografías que a menudo quedan atrapadas entre los límites de la distribución y la sobreprogramación cultural típica de Europa.

La programación reunió largometrajes y cortometrajes procedentes de distintos territorios latinoamericanos, configurando un mapa heterogéneo de sensibilidades y búsquedas formales. Entre los invitados, estuvieron el director mexicano J. Xavier Velasco, quien presentó Cocodrilos; la cineasta argentina Paula Markovitch, con Ángeles, y Emma Rozanski, directora de El vaquero, rodada en Colombia.


La presencia de los realizadores propició uno de los núcleos más relevantes de la muestra: los coloquios a partir de las proyecciones en que, encabezados por el profesor José Antonio Jiménez de las Heras, participaron académicos de la Universidad Complutense y el público asistente. Para Pedro Cascos, otro de los coordinadores del festival, “estos encuentros han permitido desplazar el foco de la simple recepción hacia una experiencia de lectura compartida, donde las películas han actuado como detonantes de la discusión sobre territorio, memoria, representación, modos de producción y circulación transnacional”.

En este sentido, Bárbaro ha parecido asumir que mostrar cine latinoamericano en Europa implica algo más que programar películas latinoamericanas: supone crear condiciones para su contextualización, discusión y apropiación crítica por parte de nuevas audiencias.


El cierre del festival reforzó esta vocación expandida. El proyecto Azoteístas, liderado por la artista sonora Valeria Espinosa, ofreció una sesión en que se sonorizaron en vivo piezas audiovisuales y cortometrajes, acompañada de una presentación de música experimental junto a la artista italiana Aleksandra Bellini. La incorporación de esta dimensión performativa permitió abrir el festival hacia otros cruces entre imagen, sonido y experimentación, ampliando el marco estrictamente cinematográfico.

En tiempos donde gran parte de la experiencia audiovisual se desplaza hacia plataformas y consumo individualizado, la primera edición de Bárbaro ha reivindicado algo elemental pero cada vez más valioso: la construcción de comunidad alrededor del cine.



Su aparición en Madrid no solo suma un nuevo evento al calendario cultural de la ciudad, sino que plantea una pregunta más interesante: qué lugar puede ocupar hoy el cine latinoamericano independiente en Europa, cuando además de pantalla, se le ofrece interlocución.

Bárbaro ensaya una posible respuesta.




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