‘NAZA’ se estrena en los cines de nuestro país el
próximo 9 de octubre después de su gran acogida en los festivales de Venecia y
San Sebastián. En el primero se llevó el premio del jurado y 25 minutos de
aplausos tras su pase. En el segundo recibió el premio del público a la mejor
película extranjera. Es evidente que seguirá cosechando premios y aplausos allí
donde concurse o se proyecte. La valentía de sus directores -Yuval Abraham
y Rachel Szor- se merecen eso y mucho más.
Abraham y Szor ya conocen lo que es el
reconocimiento internacional. Obtuvieron el año pasado junto a codirectores palestinos
el Óscar a la mejor película documental con ‘No other land’. Ahora se han
atrevido, en coordinación con el periódico británico The Guardian, a
poner al descubierto los asesinatos de civils cometidos por el ejército de su
país. De eso va ‘NAZA’.
Por otro lado, los
directores son quienes más han arriesgado en este valiente documental. Las
amenazas de muerte les han llovido desde su país. Y son para tenerlas en
cuenta, conociendo quien dirige Israel y esa acción militar contra Palestina,
que uno de los entrevistas no duda en calificar de genocidio.
Las dificultades para
realizar ‘NAZA’, que se puso en marcha poco después del terrible ataque de
Hamàs en Israel que supuso el asesinato de casi 1.200 personas y el secuestro
de otras 250, las explican así sus directores: “La campaña de bombardeos en Gaza, considerada como
una de las más letales de la historia moderna en cuanto a civiles abatidos,
empleó a personas que trabajaban en unidades militares secretas. Nos llevó
meses localizar a las personas adecuadas, que a su vez tardaron mucho en
aceptar hablar a cámara. En el ejército hay una descentralización del deber:
cada oficial es responsable de una parte de la cadena de destrucción, y las
consecuencias de una operación se reparten entre varias personas, incluso unidades.
Por eso no bastaban unas cuantas fuentes; era necesario encontrar al menos
veinte. También debimos tener en cuenta la seguridad, ya que el ejército no les
había autorizado a hablarnos y arriesgaban mucho al hacerlo”.
“Detesto a los malvados
nazis, pero ¿qué soy yo?”, se pregunta uno de los entrevistados desde la
oscuridad de la noche en la terraza de un edificio desde el que se divisan las
luces de Tel Aviv.
Y explican así la razón de realizar este documental que marcará sus vidas: “A finales de 2023, después de la matanza perpetrada por Hamas el 7 de octubre, vimos cómo los líderes de nuestro país, con el apoyo de la prensa tradicional y gran parte de la población, normalizaban la idea de un genocidio de la población gazatí: en Gaza no viven civiles inocentes, únicamente “animales humanos” que no merecen vivir. Comprendimos rápidamente que estas ideas ya se traducían en acciones militares. Lo más correcto era rodar una película en torno al sistema y a sus entresijos, ya que esos crímenes los cometían personas de nuestra sociedad en nuestro nombre. Creemos que la película muestra que la masacre de civiles en Gaza no es solo una consecuencia indirecta de la guerra, como han dicho numerosos medios, sino una acción premeditada, calculada e intencionada surgida a partir de decisiones israelíes”.
“La verdad acerca del horror en Gaza era
obvia para muchos, y en nuestra opinión debería haberlo sido para todos desde
el principio del ataque por parte de Israel gracias a los testimonios de
palestinos que se atrevieron a documentar su propia destrucción, a veces
pagándolo con su vida. Pero vivimos en un mundo que tiende a no creerse a las
víctimas y a restar importancia a los testimonios, y eso nos impulsó a buscar
testimonios desde dentro del sistema que atacaba. Ojalá esto haga más difícil
negar el crimen perpetrado y que sigue perpetrándose hoy”, concluyen Yuval Abraham
y Rachel Szor.
Ojalá.






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